Para sembrar desiertos

Me consume la tristeza de no poder ser fuego,
de no llegar a flor siendo semilla,
de quedarme varada en triste orilla,
sin llegar a cruzar la mar abierta.

Yo tengo en las alforjas, ¡tanto trigo!
para sembrar desiertos… que me aterra,
saber que han de pudrirse vanamente
las doradas espigas de mi era.

En mi alma encerrados tantos versos,
y de pintura la retina llena,
que lloro cada noche en el silencio
cuando nadie me escucha, de impotencia.

Se pudrirá conmigo mi tesoro,
germen amado que me fue donado,
sin ver la luz porque me falla el tiempo,
robado por aquellos que me quiebran.

¿Por qué el destino cruel pone murallas
a las ansias de crecer del alma mía?…
¿Por qué he de privarme de ser fuego,
ser trigo, voluntad o fantasía?.

¿Por qué colocan rejas a mi paso
piedras y ríos de tormenta?
¿Quién quiere evitar que sea paloma?,
que eleve el vuelo sobre mar abierta…

Aquellos que me quieren arropando
algún día sabrán de mi tristeza.

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