La cosecha suele ser sólo veneno

Por tantas agresiones recibidas
mi alma dolorida, zozobra muchas veces,
más, la savia de la vida
ansiosa prende en la madera vieja
y una ramita verde, reverdece.
No. No voy a hundirme todavía…
Yo seguiré viviendo mal que os pese.

Seguiré arañándole a la vida
con mis manos y acaso con mis dientes,
será que mi destino es ésta lucha,
sola contra los enemigos de aquí al lado
y alentada por los amigos de ahí enfrente.

Me viene el cariño por las ramas
de árboles que están fuera del huerto,
en matas, en abrojos del camino
y de siembras que recojo de otras gentes.
Pero el amor que siembro en mi terreno,
el que espero recibir cada cosecha
por mi constancia, mi tesón y por mi empeño,
por el que sudo en el verano
por el que tiemblo en el invierno,
se pierde tristemente cada año,
y la cosecha suele ser solo veneno,

¿Por qué se pudre en mi huerto lo que siembro?…

Le doy vueltas y es algo incomprensible;
¿será que la tierra no es de ley,
será que las semillas no son buenas…
O me falta un abono que no tengo?…

Es algo incoherente y misterioso,
porque en la calle en el más árido terreno,
incluso en la dureza del asfalto,
saliendo de mi huerto
arrojo cuatro granos al desgaire
y están brotando flores en el suelo.

¡Me duele el corazón de cavilar
y por más que le doy vueltas no lo entiendo!

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